Cuando una marca de moda lanza una fragancia, el punto de venta se convierte en el escenario donde la primera impresión lo decide todo. Este caso de estudio recoge un proyecto real en el que diseñamos y fabricamos toda la familia de elementos PLV para el lanzamiento simultáneo de dos líneas de perfumería, combinando seis materiales distintos en una solución técnica coherente.

El briefing

La marca llegó con una necesidad clara y un alcance ambicioso. Lanzaba al mercado dos líneas de fragancia con personalidades opuestas: una sofisticada y clásica, orientada a un público consolidado, y otra urbana y enérgica, dirigida a un perfil más joven. Ambas debían convivir en los mismos puntos de venta sin confundirse ni competir visualmente entre ellas.

El alcance del proyecto incluía escaparates completos para tiendas propias, glorificadores de mostrador para perfumerías, gadgets promocionales para activaciones en calle, espacios promocionales completos con mobiliario temporal y elementos decorativos de gran formato. No era un proyecto de una sola pieza: era una familia entera de elementos que debían funcionar como sistema.

La marca necesitaba que cada pieza transmitiera la identidad de su línea correspondiente, pero que todas juntas comunicaran que pertenecían al mismo universo. Un equilibrio delicado entre diferenciación y coherencia.

Las restricciones

Desde el primer día supimos que este proyecto no se resolvía con un solo material. La diversidad de contextos obligaba a trabajar con madera, cartón compacto, metacrilato, impresión 3D, metal, espuma EVA y sintasol. Cada pieza vivía en un entorno diferente: el glorificador de mostrador necesitaba transparencia y ligereza, el mobiliario de los espacios promocionales exigía resistencia estructural, y los elementos decorativos de gran formato requerían formas que ningún proceso convencional podía resolver.

A esto se sumaban restricciones logísticas reales. Los puntos de venta tenían formatos distintos: desde perfumerías con mostradores de 60 centímetros hasta espacios propios de la marca con varios metros lineales disponibles. Cada elemento debía adaptarse sin perder la intención de diseño original.

Y por supuesto, la fecha de lanzamiento era inamovible. En retail, llegar tarde no es una opción. Todo debía estar diseñado, fabricado, embalado y distribuido para una fecha concreta, sin margen para retrasos.

La solución técnica

La decisión clave del proyecto fue mapear cada material por función, no por estética. Esto nos permitió tomar decisiones técnicas que después se tradujeron en coherencia visual, no al revés.

El DM (tablero de densidad media) se destinó al mobiliario principal de los espacios promocionales. Su estabilidad dimensional y capacidad de mecanizado CNC lo convertían en la opción lógica para muebles que debían soportar peso, montarse y desmontarse en múltiples ubicaciones y recibir acabados lacados de alta calidad.

El metacrilato fue el material elegido para los glorificadores de mostrador. Su transparencia del 92% permitía crear piezas que parecían flotar sobre el mostrador, dando todo el protagonismo al frasco. Trabajamos con espesores de 6 y 8 milímetros, con corte láser y pegado por solvente para lograr uniones invisibles.

El cartón compacto resolvió un problema específico: la necesidad de gráficas intercambiables. En lugar de imprimir directamente sobre los muebles, diseñamos un sistema de paneles gráficos en cartón de alta densidad que se insertaban en guías fresadas en el mobiliario. Cuando la campaña cambiaba, solo había que sustituir los paneles, no el mueble.

La impresión 3D se reservó para elementos decorativos con geometrías imposibles de fabricar mediante procesos convencionales. Formas orgánicas que evocaban las notas olfativas de cada fragancia, impresas en resina y acabadas a mano. Piezas que aportaban el factor sorpresa sin comprometer los plazos de producción del resto de la familia.

El metal quedó oculto pero era esencial. Herrajes de acero y aluminio proporcionaban la estructura interna de los muebles más grandes, aseguraban la estabilidad de los escaparates y servían como sistema de anclaje modular entre piezas. Nadie los veía, pero sin ellos nada se sostenía.

La espuma EVA y el sintasol completaban la experiencia a nivel de suelo. Alfombras técnicas con el grafismo de cada línea definían el perímetro de los espacios promocionales y guiaban al visitante de forma intuitiva.

Todo se modeló en SolidWorks como un sistema modular. Cada pieza tenía sus planos de fabricación independientes, pero el ensamblaje general estaba parametrizado para adaptarse a los distintos formatos de tienda. Un solo archivo maestro controlaba las variaciones dimensionales.

El resultado

La familia completa se fabricó, embaló y distribuyó dentro del plazo establecido. El montaje en tiendas se completó sin incidencias relevantes, algo que solo ocurre cuando el diseño ha previsto cada paso del proceso de implantación.

Los glorificadores llegaron embalados individualmente con protección contra rayaduras. El mobiliario se entregó premontado en módulos que encajaban sin herramientas especiales. Los paneles gráficos venían etiquetados con códigos que correspondían a las guías de cada mueble. Los elementos 3D incluían su base de posicionamiento integrada.

Nada de esto fue casualidad. Cada decisión estética tenía detrás una decisión técnica. El aspecto flotante de los glorificadores era posible gracias al pegado molecular del metacrilato. La intercambiabilidad de las gráficas funcionaba porque las tolerancias del fresado CNC y el corte del cartón estaban calculadas al milímetro. La estabilidad del mobiliario dependía de una estructura metálica que nunca se veía.

Lo que este proyecto enseña

Cuando un proyecto requiere múltiples materiales, la tentación es elegirlos por su aspecto. Madera porque queda cálida. Metacrilato porque queda moderno. Metal porque queda industrial. Ese enfoque genera problemas: materiales que no se ensamblan bien entre sí, costes descontrolados y plazos que se alargan porque cada material sigue su propia lógica de producción.

El enfoque correcto es diseñar desde la función. Primero defines qué debe hacer cada pieza: soportar peso, dejar pasar la luz, resistir el contacto, desmontarse fácilmente, reproducir una forma compleja. Después asignas el material que mejor cumple esa función. La estética llega al final, como consecuencia de decisiones bien tomadas.

Llevamos más de 20 años aplicando este principio en proyectos de PLV para marcas de perfumería, cosmética, moda y gran consumo. Y la conclusión siempre es la misma: las restricciones no limitan la creatividad. La dirigen. Un proyecto con seis materiales, múltiples formatos de tienda y una fecha de lanzamiento inamovible parece un problema. En realidad es un marco de trabajo que obliga a tomar las decisiones correctas.